La resonancia de los suplicios

El suplicio penal no cubre cualquier castigo corporal: es una producción diferenciada de sufrimientos, un ritual organizado para la marcación de las víctimas y la manifestación del poder que castiga, y no la exasperación de una justicia que, olvidándose de sus principios, pierde toda moderación. En los "excesos" de los suplicios, se manifiesta toda una economía del poder. Michel Foucault, Vigilar y castigar, Siglo XXI editores, Buenos Aires (2002)

Nombre: blanconegro
Ubicación: Argentina

25 enero 2012

Brillando,
una por una,
cada estrella de la Vía Láctea
sobre el Valle del Elqui.
Noche menos negra
más cerca del cielo

Parece el aire
espeso y ardiente
como vidrio fundiéndose
en un horno que alguien
olvidó cerrar

17 noviembre 2011

Entre el dolor del vacío
y la duda certera
amanecen mis días
despojándome de certezas
sumando vacíos.
Como si fueran dejándome en pedazos
para encontrarte
indefenso
ignorado
inhallado.
Aunque una vez encontré a tu hija
ojos que miran
como una vez los tuyos
pero no.
Aunque haya sido ese día
una paz
como lo sería
ver preso tu verdugo.
Amanezco sintiendo
o pensando
tu desamanecer
en ese sitio impreciso de tu nomuerte.
¿Puede tal vez calmarse el anhelo
a pesar
del empeño inútil?
¿Qué desvariado sino
te quitó el mirar?
¿Una carta sería desde mí
para que por una vez
tu dolor no sea?
Mi noche
¿será acaso la misma noche
de vos?

15 noviembre 2011

Desventurados los que tienen la desgracia de decirle plenilunio a la luna llena, porque complican el sonido y perturban la imagen, transmutando un disco refulgente en el cielo apenas oscuro, casi claro, escasas estrellas, alguna nube, en una palabra que no está acorde con eso, pienso mientras miro esa sombrita blanca que apenas se dibuja en el cielo sobre el monte profundamente verde.
Sueño en ese monte y lo pueblo de batallas, de soldados y lobos, más allá tal vez espere el sable que cortó mi mano, la metralla que asustó a la tropa.
Pero todo está hoy en silencio y no es Portugal ni Europa, es una tierra lejana a la que llegué en la máquina voladora que construí junto al cura loco Bartolomé de Lourenzo, él me convenció que debía conocer su tierra natal y hacia Brasil enfilamos la passarola.
Pero falló algún cálculo, ámbar, éter o voluntad no fueron suficientes, estoy solo frente a un bosquecito de árboles que ni conozco ni nombro, no encuentro al cura ni Sietelunas está conmigo.
Lloro, miro la luna, pequeñita porque es de día, sola allá, botón blanquecino sobre un cielo azul que no es mío, ahora noto que también desconozco esta sensación de vacío que asfixia mi pecho, esa falta que siento porque a mi lado no está ella, la que es capaz de la mayor de las magias, poder ver dentro de los hombres lo que dentro de ellos está.

09 noviembre 2011

Teje Matilde teje hilo finísimo seis agujas que nunca se caen dibujan rosas rojas abrazando la pared blanca dibujan margaritas blancas cubriendo el camino de pedregullo y césped verde como la hoja de la hiedra que cubre la rajadura entre los ladrillos ásperos como las manos del que cada mañana besa a Matilde antes de irse al campo a robarle un poco de vida a la tierra para su único hijo nacido entre acacias blancas y pastizales ondulantes frente al río que canta murmura o grita que trae paz o se lleva la sangre del que acuchillaron debajo del sauce que nunca dejó de llorar sus ramas en el agua sus hojas acariciando la corriente pidiendo perdón por no haber visto o no haber adivinado que entre las sombras brillaría un puñal que el puñal estaría en una mano que esa mano obedecería a un rencor que sólo podría callar si el puñal hallaba un corazón y brilló la sangre sobre el pasto y la luna hizo como que no vio miró hacia otro lado viajó a través de nubes blancas como espuma en el cielo azul como de noche entre estrellas que brillan como metal y viajó la luna viajó alumbró unos cabellos blancos unas manos ágiles unas manos ásperas unas manos que hoy están dentro de mis manos.

04 noviembre 2011

Aniquilado el pensamiento

olvidada la razón

calma la oscuridad

el agobio descansa

El agua llamando

entre rocas, entre cerros

inundando arena

arrastrando el tiempo

Frágil lazo de luz

nutricio cordón

proximidad material

sin esperanza certera.

El sol un sueño

el aire portador de olores

puede acaso el sol

ser llevado en el viento.

No tiene límite el dolor

tampoco la venganza

persigue el vengador su paz

su paz es una quimera.

Vuela un pájaro en la lejanía

sueña otro en su jaula

cuál es libre,

cuál prisionero.

Y cuando llegue la noche final

cuando acaben soles, ríos y viento

seré libre, tendré paz.

Acabada tu venganza

de tu rencor morirás prisionero.

02 noviembre 2011

Me está poniendo en un serio aprieto la necesidad de exponer en síntesis breve o desarrollo explícito la profundidad de una creencias de la que completamente carezco. Si se tratase sólo de la posibilidad de experimentar otras vidas cuando la vida se acabe, la situación puede ser resuelta sin mayor tardanza o impedimento, en vista de la clara situación planteada por la apabullante bibliografía que certifica, prueba y confirma la no desaparición de la energía y su sabia como también explicable mutabilidad con la materia lo cual brinda la certeza de que aún los más empedernidamente escépticos una vez que aparecimos por acá quedaremos. Si de ceremonias se trata, todo hecho humano es pasible de ser convertido en alguna de ellas, y así hay seres que ceremonian del principio al fin cada día, del nacer al morir y todos sus estados intermedios, posiblemente de ellas sean las líneas rectas que constituyen los renglones en los que se escribe la historia. Pero cuando percibo que mi condición natural es permanecer escribiendo fuera del margen trazando sobre él, en la zona que debiera estar vacía, innumerables anotaciones que lo llenan y a la par de ello debiendo hacer una teoría que se fundamente en algo tan concreto como debiera serlo la patria, naufrago rápidamente en el mar del escepticismo, no vienen a mí las palabras que quizá se espera pronuncie, sólo convenciones, fuegos artificiales, bombas atómicas y de las otras, hermandad perdida entre quienes se comparte la común característica de pertenecer al género humano, capitalismo que ahoga, fundamentalismos de diversa laya y parece que seguiría enumerando pestes ante la invocación de esa palabra a la cual no logro encontrarle virtud que la salve, cariño que me produzca ni sensación de placer, con las debidas disculpas que pido a quienes trataron de enseñarme lo contrario, libres ellos de culpas, es sólo mi atención dispersa...

Como si la consigna fuese atravesar
a nado lento o en bote frágil
un mar helado
para salvar la luz
o en resguardo del fuego.
Como si un gigante amenazara
destruir lo frágil en un instante
golpe certero o abrazo mortal
cancerbero implacable de un muro ciego.
Abandonar la calma
desafiar lo incógnito
lo brutal y violento
a gatas casi o en pasos breves
respirando apenas
tras lo inalcanzable
a pesar de adanes y evas
o tal vez por ellos
abandonar lo cierto
lo que ya no basta
alcanzar lo lejano deseado.

25 octubre 2011

Pobres flores blancas terminar aplastadas arrojadas condenadas en compañía no elegida quizá hubiesen querido ceñir la frente de una novia el centro de una mesa en almuerzo homenaje al ilustre fundador de esta city o morir de viejas en el jardín al lado justo de donde fluye el agua que sigue y sigue tal vez hubiera llevado algunos pétalos hasta el mismo borde del mar estaría ya mustio pero atento a los cambios en la salinidad soledad de alta mar merced al hambre de las gaviotas o a la codicia de una anémona oculta entre el coral y la pobre flor no pudo nada de esto sólo fue testigo obligado de lagrimerío forzado a veces cierto pero no del todo porque ya se sabe todo tiene un final puede ser heroico como los reyes que murieron en batalla o glorioso como los que han muerto entre los brazos amorosos de amantes en la clandestinidad o finales simples porque simplemente el final debe llegar incluso si no es llamado o pedido si es evitado o repudiado y las flores blancas sin quererlo arrojadas y los que están alrededor queriendo ser salvados viendo de reojo cómo baja el ataúd mirando de costado para adivinar qué sienten quienes los acompañan o quién preferirían que estuviese bajando en lugar del que con flores blancas baja flores blancas música sacra miradas de reojo el ataúd tocó el suelo ya se pueden retirar señores la ceremonia ha terminado qué suerte aun es temprano podemos ir a tomar un café hasta el próximo encuentro hasta que nos acompañen las flores blancas.

Hay una fragilidad intrínseca que no se atreve al desafío del vuelo, como si el suelo asegurase la felicidad al vivir. Las alas no crecen si no se las ejercita con cariñoso y firme tesón , el suelo atrapa las plantas, las anuda con raíces fuertes, las encanta con la paz de la tarde o el fluir lento del arroyo, cuajado de piedras brillantes y húmedas. No deben quedarse inmóviles los pies si no quieren ser atrapados por el suelo traidor, debe la mirada proyectarse lejos , atravesar nubes y luna para empezar a mirar, es el primer paso para entender el vuelo.
Y fortalecer las alas, empezando por vuelos breves, bajos pero seguros hasta perder el miedo. Luego, ir cada vez más alto y más lejos, acomodar la respiración, suaves suspiros para elevarse, contenerse cuando la altura es suficiente para empezar a planear.
Animarse a abrir los ojos allá lejos, allá arriba, olvidar la sensación de sentir el suelo, tan sólo flotar.

Como si el tiempo pudiera volver. O el verano seguir por siempre. El agua del río ser la misma cada vez que pase debajo del puente. O el remanso ser eternamente el mismo, cascada y paz, alborozo y quietud. Cuando la tarde llega o las estrellas se reflejan, frías y calmas en su profundidad. Hojas rojizas de álamos en la falda de la montaña, cálido fuego que se fue tu mirada. Con tu mirada se fue mi vida. Tu mirada se llevó mi paz. Y no me quedad ni la furia. No me queda el enojo de las hermanas de Lázaro. Sólo el vacío del abrazo no dado. Silencio que vuela con el viento hasta atravesar los montes. Hasta calmarse en el mar. Silencio que ahoga mi garganta, la cierra, la sella. El dolor es un aullido interminable, reproche a los cielos. Esos que jamás enviaron a quien tenía las palabras mágicas. Para que el tiempo pudiera volver. Para que el amor viva y el agua refresque toda la sed, calme todo el dolor. O quizá Lázaro ya no quiso obedecer.