La resonancia de los suplicios

El suplicio penal no cubre cualquier castigo corporal: es una producción diferenciada de sufrimientos, un ritual organizado para la marcación de las víctimas y la manifestación del poder que castiga, y no la exasperación de una justicia que, olvidándose de sus principios, pierde toda moderación. En los "excesos" de los suplicios, se manifiesta toda una economía del poder. Michel Foucault, Vigilar y castigar, Siglo XXI editores, Buenos Aires (2002)

Nombre: blanconegro
Ubicación: Argentina

15 mayo 2010

Una calle bordeada de álamos va hacia el sur en lenta procesión, siguiendo la brisa que acuna los deseos. Entre las hojas, flotan criaturas azules dibujadas con un pincel muy fino de cerda de potrillo blanco, especial para dar vida a las figuras circulares y a los ojos amarillos.
Una balsa sacude las ramas de algas translúcidas que nadan, dormidas, mientras viajan hacia la India en su peregrinación anual de purificación de almas perdidas, tantas almas se han perdido, otros pierden la vida, otros pierden la vista, otros la calma.
Y el sol que no deja de alumbrar y molesta el sueño de los que al otro día tienen que trabajar para no perder el tiempo que según dicen los protestantes anglosajones es dinero.
Cuánto dinero se ha perdido, a razón de un céntimo el segundo, ya sumaría varios millones, que podrían usarse para las causas nobles que deben defenderse pagando por ellas, como proteger a las focas del Ártico de las matanzas que realizan los que tienen tiempo porque otra parte de su tiempo ya la han transformado en el dinero con el cual comprar el derecho a matar las focas o los okapis en África o los kiwis en Nueva Zelanda, que debieran pensar seriamente en lo absurdo de sus nombres, por eso están condenados a desaparecer, no puede haber un animal con nombre de fruta o será que la fruta se llama así porque se parece al animal.
Una ráfaga de viento sacude los árboles y caen flores y más flores, los pétalos cubren la ciudad con un manto rosa, amarillo y azul que la hace frágil, parece una flor posada sobre el costado izquierdo de una langosta gigante.

Vuela la langosta, se sacude la flor, la ciudad se estremece y cierra los ojos.
El día sueña.

1 Comments:

Blogger franco said...

Bravo, madre. Se ve que estamos con la escritura estacional... también caí.

11:12 p. m.  

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